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martes, 4 de mayo de 2010

Té en familia

Una de las costumbres fuertemente arraigadas en el pueblo saharaui es la de compartir el té. No es sólo el hecho de tomarlo, es todo el ritual, la charla y todo lo que conlleva.


Tras un viaje interminable, y pasar por el proceso de recoger los equipajes, llegar a Smara y ser divididos, reagrupados, mareados y rifados por nuestros acompañantes de las juventudes saharauis; por fin llegamos a casa de Mariam , así se llamaba la matriarca del clan.
Nos ofrecieron un té nada más entrar, de una forma natural, mientras que nos ubicabamos, el hijo mayor realizaba el ritual. Es curioso, pero en los campos de refugiados, todo lo han iniciado mujeres, los hombres estaban en el frente, así que ellas se organizaron, vigilando, enseñando, cuidando.

Pero esto no es una novedad, ya que el papel de la mujer saharaui ha sido fundamental en la sociedad tradicional, ya que el hombre del desierto solía ausentarse para llevar los revaños a zonas de pasto, o buscar productos con sus carabanas, esto les podía tener alejados un par de años. Así que la matriarca era y es la que dirige el cotarro, cortaría el vacalao pero aquí no hay.

La manera de trabajar de las mujeres, su mano, se ve en muchas cosas, una de ellas es que las casas, precarias estructuras de adobe con una haima en el patio (no quieren ni pueden olvidarse de su raíz nómada) presenta la peculiaridad de tener el nombre de la madre por dirección.
Así nosotros tuvimos que escribir y guardar Mariam Moh Abderahman, Daira Birleglu Barrio 2, Poblado Smara. Las dairas son como las zonas de una ciudad, y se dividen, bastante ordenadamente, en 4 o 5 barrios, con una pista de tierra central, de donde radian las casas.

Todas las Dairas tienen un ayuntamiento, donde se distribuye la ayuda, avisan por megafonía de cualquier nueva (entre ella nuestra llegada con 14 horas de retraso) y demás.


El habitáculo donde vive esta familia es como un gran salón, con cogines o colchones en tres de las paredes, la cuarta presenta dos puertas separadas que dan al "patio" .




Todas las paredes que dan a la calle (en nuestro caso 2) presentan ventanas de distinto tamaño con rejillas, así sentandote en los cogines, o tumbado en ellos o en el suelo y con la cabeza en los cogines, siempre disfrutas de la poca brisa que haya entre ventanas y puertas. Y ahí tumbado qué vas a hacer? Pues charlar y tomar té.

Tradicionalmente los saharauis ofrecen un té a cualquiera que pase por su casa, aunque no les caiga muy bien, algo de agua y algo de comer, sin preguntar porque vienen o dejan de venir, esto tardé un poco en creermelo, pero después de colarnos en la casa de otra gente con españoles y ver como nos acogían y ofrecían el té comencé a creer.
El proceso de realizar el té, es todo un honor, y aunque yo lo hice un día por la tarde, no sería capaz de repetirlo sin la ayuda de la hija y sobrina de Mariam, que pacientemente me iban explicando todo, sólo tardé una hora y media en servir los tres tés.

"El primero amargo como la vida, el segundo dulce como el amor, y el tercero suave como la muerte" .





En líneas generales, se pone agua al fuego, allí era un hornillo de carbón, cuando hierbe se añade un vasito de té en hoja, creo que es negro, pero puede que sea verde. Se saca té para un vaso (todo este proceso se hace encima de una bandeja redonda plateada con bordillo, porque caer caerá algo), se pone más agua, y mientras se vuelve a hervir se escancia ese que se ha sacado de un vaso a otro, para con el golpear del té producir espuma.

Cuando el té hierbe se le añade un vaso de azucar y se escancia en un vaso, en la tetera, otra vez al vaso, otra vez a la tetera, hasta que se mezcla.
Luego se prueva un poco, si está como el dicho pues para los vasos con espuma, sino hay que añadir lo que falte, té para amargo, azucar para dulce, agua para suave....
Se sirve y se empieza con la siguiente ronda, y así hasta el infinito...

Lo realmente importante no es el té, sino la conversación, nos costó saltar las barreras, pero poco a poco lo fuimos consiguiendo. De lo que yo oía y veía, las personas se hablan con un respeto máximo, nadie levanta la voz, incluso me explicaron que la posición no es la misma, dos hermanos o primos de la misma edad pueden estar tumbados, pero si entra una persona mayor, padre o tio o abuelo, se tienen que sentar rectos (con las madres y tias no se hace porque están todo el día, no lo veais como algo machista, por alá!).








El caso es que me transmitieron esa serenidad y buena onda con lo del té y he sido capaz de llevarlo a un momento de mi vida...me levanto y pongo el agua a hervir, me empiezo a hacer los tres tés en la cocina, estoy de pié, pero que le voy a hacer. Mi madre se sienta, y comenzamos a hablar mientras ella desayuna y yo tomo el sol en la ventana, y... mis tés.
Por ese corto espacio de tiempo no la juzgo, ni me altero con sus cosas de madre, no puedo, los saharauis respetamos a los mayores. Ella lo nota y flipa, se relaja y vuelve a charlar con calma y sin esas prisas y miles de informaciones que me desquician. Nos reimos y compartimos ese momento.

Por medio de los tés de este pueblo cada desayuno estoy un poquito más cerca de la mujer que me trajo al mundo. Gracias familia de Mariam, gracias pueblo saharaui!!!

2 comentarios:

  1. Tengo oído que en Japón también tienen un ritual para tomar el té. Cuando domines ese también, serás un experto teísta jejeje
    Energy meu!
    PD: que les pasa a los peixiños, que había un feixe deles y ahora quedan cuatro??

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  2. Pues si, pero creo que son las geisas las encargadas de hacerlo...
    los peixinhos pues que noles habeis dao nada de comer y se me mueren, a ver si os portais en mi viaje,je,je

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